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Categoria: Ecológico
Realizador: Gonzalo Calvache Fecha: 2013-06-16 Temporada: 2013 Reproduciones: 389 |
La selva amazónica, un conjunto de verdes tonalidades rodeadas por serpenteantes
ríos y lagunas, paisajes únicos que albergan la mayor biodiversidad de plantas y
animales en la tierra.
Miles de huéspedes indispensables para salvaguardar el equilibrio natural que rige
la vida en el planeta, como este grupo de monos juguetones, disfrutan de las
bondades del frondoso bosque, y adentrándonos un poco más en la selva, a orillas
del río, otro escurridizo ejemplar, hace eco de su presencia. Es la nutria Neotropical.
De curiosa apariencia, ágil, experto nadador y bastante veloz la Lontra longicaudis o
lobito de rio es un mamífero semi acuático que habita tanto en el bosque húmedo
como en el bosque seco, siempre que haya una fuente de agua cercana, es
sumamente difícil de observar en su ambiente natural.
En la década de los 60s la despiadada casería para comercializar su piel casi acabo
con toda su especie, y aun hoy pese a que está prohibido matar a una nutria
Neotropical, este simpático mamífero se encuentra aun en grave peligro de extinción.
Por ello un grupo de biólogos consientes de la importancia que tiene este animal para
el ecosistema tropical decidieron emprender una difícil travesía.
Que tenía como objetivo, devolverle la libertad a un pequeño lobito de rio que se
encontraba en cautiverio.
Al nororiente de la provincia de Pastaza, a unos minutos de la ciudad de mera y muy
cerca de la Reserva Llanganates se encuentra el centro de rescate de vida silvestre
Merazonía, cuyo único camino de acceso es un viejo empedrado por medio de la
maleza, hasta aquí viajamos junto a un grupo de biólogos de la universidad católica,
encabezado por Miguel Rodríguez, experto en nutrias, para conocer como iba a
funcionar su proyecto de liberación.
Al nororiente de la provincia de Pastaza, a unos minutos de la ciudad de mera y muy
cerca de la reserva Llanganates se encuentra el centro de rescate de vida silvestre
Merazonía, cuyo único camino de acceso es un viejo empedrado por medio de la
maleza, hasta aquí viajamos junto al grupo de biólogos de la universidad católica
encabezado por Miguel Rodríguez experto en nutrias, para conocer como iba a
funcionar su proyecto de liberación.
En medio de un paraíso tropical ubicado a 1300 metros de altura sobre el nivel del
mar se encuentra el rústico pero bien cuidado centro de rescate Merazonia,
Y entre el correntoso río y la maleza se encontraba la jaula de nuestro pequeño
amigo
Una nutria neotropical puede llegar a medir 1,60 metros de altura y a pesar hasta
12 kg, su dieta esta basada principalmente de peces y en raras ocasiones es
complementada por roedores e insectos, estos animales pueden llegar a vivir hasta
8 años en su hábitat natural.
Un poco inquieto por nuestra presencia y bastante sorprendido por el raro objeto
que debe ser para el la cámara, Pishña que en quichua quiere decir nutria, es un
lobito macho de 1 año seis meses de edad.
Cuando apenas tenia un par de semanas de nacido Pishña fue presa del trafico
ilegal, junto a su madre que fue asesinada durante la captura, la piel del pequeño
no debió ser útil para los cazadores, así que se llevaron el cuerpo de la madre y
a el lo abandonaron a su suerte en medio del bosque, ventajosamente unos
turistas encontraron al cachorro y lo trasladaron de emergencia al centro de rescate
el paseo de los monos, donde gracias a múltiples cuidados intensivos el lobito que
en ese entonces no media mas de 20 cm, pudo curar sus contusiones y superar los
problemas de nutrición.
En el centro fue criado por los voluntarios, y estos monos traviesos se convirtieron
en su nueva familia.
Seria prácticamente imposible que estas dos especies tengan algún tipo de
acercamiento en su hábitat natural, estas tiernas imágenes muestran lo insólita
que puede ser la naturaleza, pero también evidencian el enorme daño que le hace
el ser humano a cientos de especies al alterar el equilibrio natural de sus estilos de
vida.
A medida que Pishña crecía su necesidad de alimentarse por si solo hacían que
escape del centro, hacia unas piscinas de peces cercanas aledañas, por lo que los
moradores de la zona, molestos amenazaron con matar al animal si volvía a comer
sus peces.
Para evitar esto Iván se contacto con Miguel Rodríguez quién decidió junto a un
grupo de biólogos ir más allá, y no solo trasladar al animal hacia un nuevo centro
de rescate para que pase el resto de sus días enjaulado, el plan seria liberar por
primera vez en el país a un animal de esta especie nuevamente en su hábitat
natural,
cosa que no sería nada fácil.
Para poder reintroducir a Pishña a su hábitat primero era necesario trasladarlo a una
jaula de cuarentena para analizar su estado de salud, posteriormente debía ser
reubicado en una jaula de aclimatización y un mes después dependiendo de la
evolución del animal debía ser liberado.
En la jaula de cuarentena todo resulto conforme a lo previsto, así que en Merazonía
el equipo se disponía a trasladar al lobito a una nueva jaula más amplia y con
mejores condiciones para la siguiente etapa.
La jaula trampa estaba listo y unos segundos después.
La jaula de plástico debía ser introducida dentro de otra jaula de fierro para poder
trasportar a la nutria, con la seguridad de que si fuera capas de romper el plástico
no pueda escapar de la jaula.
Aunque se trata de un macho joven sus dientes son tan afilados que efectivamente
en tan solo segundos, destrozó completamente el plástico de la jaula.
1 km de camino más adelante finalmente Pishña llego a su nuevo hogar temporal,
aquí debería pasar los próximos 30 días.
En esta nueva etapa Pishña debía perder todo contacto con el ser humano, además
para recuperar su instinto de pesca se debían depositar peces vivos a través de un
tubo que llega hacia la pequeña piscina de la jaula para que el lobito tenga que
pescarlos por si solo, cuando desee alimentarse.
Cuando un animal quiere ser reintroducido a su hábitat, el tiempo que debe pasar
en cautiverio para recuperar sus instintos que le permitan sobrevivir en la naturaleza
es fundamental, ya que cada día que pase el animal encerrado en la jaula, aumenta
la posibilidad de que sufra un severo daño sicológico producto del stress, y si esto
pasa el animal pierde toda posibilidad de ser liberado.
Por ello el proceso de aclimatización debe ser lo más rápido posible.
Penosamente el continuo contacto con humanos le estaba pasando factura al
pequeño Pishña, habían transcurrido ya 60 días y todavía no se encontraba listo
para ser liberado.
Una insólita operación para instalar un radio trasmisor en el cuerpo de Pishña, un
parásito desconocido para la ciencia es extraído de la pequeña nutria y un asombroso
desenlace en el ultimo intento por devolver a Pishña a su hábitat natural.


















